
Miska
The Deviant / From Freljord, to you
Voz del personaje
Baki Hanma (Alfonso Herrera)

Ficha del personaje
Nombre: Miska (Nombre real: Nikol)
Apellido(s): Laos
Sexo: Masculino
Edad: 21 años
Altura: 1.65 metros
Peso: 83 kilogramos
Orientación Sexual: Heterosexual
Lugar de Nacimiento: Monte Targón
Residencia: Puertovítreo, Freljord.
Ocupación: Explorador de la Tundra.
Psicología del personaje
Miska no es como cualquier persona que podrías ver y decir “Ja, es exactamente lo que aparenta”. Si bien posee un mal genio algunos días de la semana, suele ser una persona hiperactiva y bastante amable con aquellos con los que tiene permitido serlo.
Su actitud calurosa viene más que nada de la educación que recibió con su familia, una casta hospitalaria que le enseñó todo lo que tenía que aprender sobre el arte de la guerra desde sus 7 años hasta los 12. Debido a este pasado guerrero, el chico también es distinto a los de su edad a la hora de mantener la calma en los calores de un combate, evitando frustraciones como la confusión y el miedo en el combate. Esto no quiere decir que tenga defectos a la hora de pelear. Tiende a incapacitar más que dañar para matar por motivos personales, detestando la idea de arrancarle a alguien la vida por un capricho de alguien superior.
Usualmente se lo describe como alguien amoroso, como una persona que trata de animar al resto de su tropa y capaz de morir por ellos con el escudo en alto. Para él cada soldado que tiene a su alrededor es un amigo, y alguien por el que vale la pena recibir un golpe.
Sin embargo, esto no funciona para todo el mundo, pocas personas pueden realmente ver que el chico tiene otros ojos para las personas que han logrado quitarle el buen humor. Esto se ve reflejado en comentarios secos, ignorar y hasta desconocer a una persona en el peor de los casos. Miska es el perro de combate de la Garra Invernal, y no dudaría en mostrarle los dientes a quien fuera tan osado de insultarlo a él o a su gente.
Un límite muy importante que tiene su personalidad, aparte, es la extraña y animosa lealtad que guarda hacia la Matriarca Guerrera. Obedecerá sus órdenes sin chistar y morirá con tal de defender la vida de esta, ajeno a toda tradición o juramento que diga lo contrario. El chico guarda un interés demasiado extraño por aquellas mujeres que guardan una personalidad dominante, atraído tanto en físico como en personalidad a aquella mujer del hielo.
Reniega mucho de su tortuoso pasado, no queriendo hablar del tema más allá de sus años en un barco de AguasTurbias conocido como “La Doncella del Mar”. Cualquier mención o persona de Targon inmediatamente dispara un sentimiento negativo, debido al recelo de sentirse un paria con respecto a aquellas personas.
Físico del personaje
El chico, a pesar de haber conocido el hambre y el frío, aún pudo mantener su cuerpo a un nivel estable para un guerrero, recuperándose una vez obtuvo un lugar fijo entre los cuerpos de la Garra Invernal. Su cuerpo posee muy poca grasa corporal, por lo que las heladas son brutales y lo obligan a llevar una cantidad ridícula de abrigos para el invierno.
Es una persona musculada y bastante marcada, siendo apodado “una roca” por ciertos internos del grupo, debido a su musculatura delgada y firme. Esto le brinda más agilidad que fuerza, perdiendo un cierto componente de constitución para poder ser rápido y duro en sus movimientos. Incluso tiene entrenamientos constantes que fabrican más soltura en el cuerpo que fuerza bruta.
Su cabello es castaño oscuro, tirando casi a negro al principio. Adornado por distintos mechones de cabello blanco que delatan un cambio en su genética. Este siempre se encuentra bien cuidado y cepillado, siendo una de las zonas a las que más le dedica parte de su higiene y cariño. El mismo tiene una suavidad y fuerza destacables entre los descuidados bárbaros que circundan, llevándole una o dos burlas acerca de lo delicado que es.
Su piel es de un color trigueño que adoptó en sus días como pirata, expuesto al sol y la sal de mar en cada uno de sus días de navegante. Un contraste bastante notorio con sus ojos de color dorado, los cuales suelen brillar y rodear su esclerótica de un color negruzco cuando se produce sus habilidades propias de un ursino.
Otro detalle son las múltiples cicatrices que obtuvo por su vida llena de batalla, incluyendo un corte que atraviesa desde su hombro derecho hasta la izquierda del hueso del coxis, el cual se logró en una pelea contra un hábil espadachín que paseaba por los puertos en esos momentos.
Historia
Nacido de las tierras escarpadas de Targon, Nikol Laos fue un niño que se veía como una joven promesa para los Ra’Horak, la tribu de guerreros más brutal que azotaba el Monte. El jovencito fue entrenado para luchar tanto con un arsenal de armas como con sus puños solamente, además de nociones básicas de trabajo en equipo y cooperatividad. Creció en un hogar de amor al más puro estilo militar hasta los 11 años, momento en el cual debían probar su valía para el ejército y poder servirle al sol.
Nikol, por sus cualidades físicas, fue enviado directamente contra el mejor de la clase. Un joven hecho y derecho que manejaba el arte de la guerra dentro y fuera de la arena. Era como un muro infranqueable que superaba al menor en fuerza y velocidad, propinándole una golpiza que muchos considerarían inhumana para un chico de su edad. Sin embargo, no sería el cuerpo del más delgado el que empaparía las arenas.
Frente a todo un público que observaba el pancracio, el cuerpo del chico comenzó a convulsionar, dotándose de músculos más gruesos, una forma vascular y ojos oscurecidos como los del mismo demonio. Su puño salió hacia adelante en un espasmo, detonando contra la cara de un desprevenido niño. El “mejor de la clase” fue derrotado con un golpe que hundió su cráneo como si de fruta podrida se tratase.
Los Solari no tardaron en condenar esta “transformación” como una obra de los mismos demonios, relacionándola con aquel que arranco una constelación de los cielos. El joven Laos fue condenado a muerte de manera casi instantánea, con al menos diez Ra’Horak saltando a la arena para quitarle la vida.
El pequeño guerrero tuvo la persecución más aterradora que jamás habría sufrido. Huyendo por su vida de 10 templarios mientras se alejaba hacia el desierto shurimano.
En la frontera, más precisamente en Nerimazeth, fue emboscado por aquella decena de hombres, entre las cuales se encontraba Angelei Laos, su propio padre. Gracias a esto, y al poco cariño que ese hombre tenía con su vástago, pudo hallar un escondite apropiado y perderles la pista a aquellos soldados.
Luego de esto, el chico trató de mantenerse con lo que podía, recurriendo a trabajos simples y tareas de bajo pago, durmiendo bajo lo que pudiese mientras seguía el único consejo que su padre le había dado “Seguir el río hasta la ciudad del Sol”.
El pequeño vagó por el desierto hasta encontrar unos saqueadores de tumbas en la zona del Río Renek, saqueadores que rápidamente trataron de apoderarse del equipaje del menor. El chico luchó contra ellos con lo poco que sabía, despertando el interés de los ladrones como materia humana. Una vez reducido exitosamente, Nikol fue llevado hacia Zirima, vendido como esclavo a unos corsarios que atracaban en el Anthatir de vuelta a Aguasturbias.
El joven de ahora 12 años pasó un buen tiempo encerrado, pasando de mano en mano de distintos capitanes que ofrecían moneda por hacerse cargo del chico y patrocinarlo en las arenas clandestinas que se hacían tanto en mar como en tierra. Las habilidades de combate armado y la “habilidad oculta” que tenía lo volvieron conocido y dieron un sobrenombre adecuado a quien ahora no tenía un nombre al cual acudir “Prince, el Principe de las Arenas Clandestinas”. Un año y medio le dieron un mérito y confianza suficientes para embarcarse en una misión al Freljord, cubriendo a un investigador de Piltover y un Killash de estilo tigre.
Prince, como era conocido, observó desde Puerto Vítreo la ineficiente forma de vida de su gente, quienes apenas podían sobrevivir al nefasto invierno con lo poco que tenían. Trató de repartir parte de su botín para mantenerlos a salvo, pero ellos le advirtieron que sólo se ponía en peligro frente al olfato de la Garra Invernal.
El targoniano, una vez entendió la historia que azotaba a las tribus cercanas al vacío de Valar, las cuales pagaban protección para evitar el terrorífico destino que aguardaba a aquellos quienes desafiaban a los bárbaros de la tundra helada.
Este dejó su barco irse, prometiendo que la historia de Prince de Aguasturbias terminaba con su despedida. Ahora el honor del guerrero targoniano volvía a bombear en su sangre, listo para convertirse en el héroe de ese pequeño poblado.
La siguiente “cobranza” de los Garras parecía un tipo de examen que lo ponía a prueba, tenía 3 meses para pensar cómo podría enfrentar a semejantes criaturas. Un paso en falso, y el propio Valhir podría disfrutar los huesos de toda esa gente inocente, incluyéndolo a él. El combate ambiental de Aguasturbias, la disciplina de Targon, el subterfugio de Shurima, todo debía estar meticulosamente planeado para ese día, en el que simples granjeros y cazadores debían actuar como soldados entrenados para la muerte y la batalla. Una misión difícil, aunque no imposible.
Llegado el día, el soldado portó por primera vez en mucho tiempo su armadura de guerrero, la falta de costumbre hizo peso de más en su escudo, y su espada parecía haber extrañado los días de entrenamiento. El chico observó su reflejo en el hielo, y al encontrar miedo, trató de desconocerse.
Una pequeña avanzadilla de saqueadores había llegado, eran 3, tal vez 4 docenas, algunos montados en bestias salvajes que el targoniano jamás había visto. Pero los pueblerinos tenían una pequeña ventaja para saltarse ese miedo, la confusión. El joven saltó hacia el frente, golpeteando su escudo para asustar a las criaturas y reducir la moral del oponente. A esto le siguió la niebla del ambiente, creada por la nieve que trabajaron en tomar. Los hombres del norte estaban desprovistos de visión, y las bestias comenzaban a demostrar esa preocupación. Hombres adultos y jóvenes aparecieron con armaduras similares, hechas de madera y hueso, para acompañar los golpeteos y gritos de batalla que cada mujer, anciano y niño copiaba para tratar de disfrazar los números reales de guerreros en batalla.
Los bárbaros atacaron, con una moral reducida que se mermaba más y más ante los zapateos de los habitantes. A sus ojos y oídos, un ejército entero se encontraba oculto tras la niebla, por lo que decidieron perdonar aquel pago, con una promesa.
“Volverán, con la matriarca guerrera, y no habrá ejército que frene su avance.”
Tardarían unos meses en volver, tiempo suficiente para que Miska pueda formar unos buenos guerreros con la ayuda de comerciantes, mercenarios y tribus vecinas. Sin embargo, se enfrentaba con tres murallas ineludibles. Los Avarosanos no meterían mano en esos asuntos, los Mercenarios temían de la horda y ningún comerciante cobraba barato por el acero. Apenas pudo duplicar su contingente, pero tal vez con eso podría mantenerse y duplicar el efecto de la última vez.
Desgraciadamente, la misma táctica no funciona dos veces.
Pasado el tiempo, el chico decidió cambiar las tornas. Se ocultaría con una mitad hasta que la distracción de niebla y ruido pase, rodearían a los bárbaros y seguramente podrían asustarlos con una maniobra de tijeras. Los lugareños se acomodaron en sus posiciones, obsequiaron al chico un totem de bolsillo y le dieron el nombre que lo acompañaría en toda su aventura, Miska.
En cuanto el “General” del ejército pueblerino se asomó a tratar de golpetear el escudo, fue derribado con un bloque de hielo del tamaño de una tienda de campaña, muriendo al instante. Los barbaros gritaban más fuerte, golpeaban más duro y ocasionaban más caos del que el inexperto joven habría visto en toda su vida. Estaba perfectamente abrigado, y no había recibido un impacto de todas las armas de hielo puro del salvaje ejército, pero estaba congelado en su lugar, frío, e inerte.
El chico, inmóvil, apenas llegó a ver el totem colgando de su lanza, recordando la fe ciega que ese pueblo tuvo sobre él. Miska, como era llamado, tomó su lanza y salió con todas sus fuerzas a luchar contra todo bárbaro que se aproxime. Sus venas hervían, su cuerpo estaba listo para todo, y sus ojos podían ver más allá. Si bien estaba peleando como siempre, su cuerpo había cambiado como aquella vez en la que todos lo señalaron.
Se volvió una tormenta de caos y nieve, golpeando hasta que su escudo se le cayó de un brazo casi roto de un golpe con hacha. La idea era obvia, si cortaba a la líder, puede que el resto vuelva a caer fácilmente. Dio un brinco bestial hacia la que montaba la bestia más feroz y arrojó su lanza desde los cielos, la cual falló a lastimar a la enorme criatura.
Sejuani descendió de su jabalí, blandiendo una piedra de hielo que congelaba a cualquier inepto que fuera tan tonto como para estar a su alcance. Miska estaba en toda la desventaja posible, pero su “liberación” bombeaba tanta adrenalina que su cerebro no consideraba “vanalidades” como esa. Este se acercó con todo el ánimo, arrojando nieve a la cara de aquella mujer para poder tener una ventaja táctica sobre ella.
A Sejuani, con todos sus años de entrenamiento y experiencia, sólo le bastó una patada en el plexo solar para frenarlo en seco, estampando su cabeza con su hielo puro antes de dejarlo caer.
Para cuando Miska despertó, la batalla había terminado para ambos lados. Hombres, mujeres y niños yacían de rodillas, llorando tanto a sus muertos como a sus propios destinos, como prisioneros de guerra o algo peor. La matriarca guerrera sostenía su totem en la mano, arrojándoselo nuevamente junto a su escudo. Había una razón clara por la que el chico no había sido asesinado, ella había aprobado la fuerza que el chico tenía.
En cuanto tomó la lanza del targoniano, la guardó en su espalda y le extendió una mano para que este pueda levantarse. El menor se reincorporó sólo para ver los fríos ojos de una titánide de hielo la cual sentenció una orden directa y simple al extranjero.
“Date la vuelta, vete y nunca más regreses, y asesinaré a estas personas. O jura lealtad, y no volveré a molestar a estas pequeñas tribus”

"Always gratifying to find out that one's nemesis is altogether lacking in style."
Nico es un joven cuya familia no trae ninguna memoria hacia él. Nacido en las Afueras, una zona olvidada del gobierno que ni la ley puede acercarse a tocar, fue criado en una Bratva conocida como "La Garra Invernal".
Bajo el seudónimo de Miska, sirve a la Mafia Roja como un guardaespaldas, entrenador de Krav Maga, matón y en algunos contados casos como sicario de la propia Sejuani. Su forma tan excéntrica de actuar con el resto y su capacidad para olfatear a su objetivo en la oscuridad le ganaron el apodo de "El perro de caza" de la Matriarca Roja.
Miska es relajado, algo efusivo y normalmente distraído fuera de los horarios de trabajo, frecuentando arcades, bares y gimnasios. Su lealtad a su Reina Roja es absoluta, aunque suele permitirse otros "trabajos".
Sin embargo, debido a su eficiencia, comportamiento tan característico y ciertas... Cualidades para las que casi no se hallan testigos. Se cree que aquella "matriarca" no contrató a un simple matón para tener como su nueva mascota.
El que habita la celda
Eran tres los guardias que estaban encargados de revisar el estado del prisionero conocido como "Miska". Los mismos trataban de rotar lo más posible de tres en tres por cada cambio de guardia, con uno constantemente pendiente de la puerta perteneciente a la jaula en la que se encontraba.
Sin embargo, los soldados se preguntaban por qué tanto problema con respecto a aquel moreno proveniente de Targon. ¿Qué haría si pudiese huir? ¿Huir kilómetros en la tundra para poder encontrar refugio? Esta prisión era lo único que lo mantenía bajo techo, así que mal y pronto debía agradecer la "hospitalidad".
Miska seguía en silencio dentro de la celda, cada tanto conversando con algún guardia amable de turno durante las rotaciones. Su actitud amable y cálida sólo contrastaba con las dos curiosidades más grandes que cada guardia podía ver en el trato que recibía este chico dentro de su cautiverio.
El primero, era que recibía un trato distinto a los demás prisioneros de guerra. Junto a su comida habitual, consistente en huesos y sopa, Sejuani había ordenado que se le otorgara carne. Carne, algo tan vital y necesario para los miembros de su tribu, para un paria que se encontraba tras rejas de madera y hierro. Lo segundo sólo sucedía durante las noches, cuando el guardia diurno se sentaba a vigilar a los presidiarios. Cada mañana, Miska dormía junto a un enorme charco de escarcha en el suelo, el cual cada tanto era más grande y cada tanto más pequeño. Ellos pensaban que se trataba de orina congelada y que esté trataba de disipar su frustración evitando usar el balde que le otorgaron al entrar a aquella cárcel. Pero la preocupación tomó más fuerza cuando un día el charco contenía sangre congelada...
Ante la duda de si el joven comenzó a hacerse daño, hablaron directo a Sejuani al respecto. La misma aprovechó su tiempo libre y se dirigió hacía la celda durante las madrugadas, esperando encontrar el origen de aquellas manchas extrañas, y con suerte, encontrar algo que demuestre su valía.
Al abrir la puerta de la celda, la mujer encontró con sorpresa que el chico se encontraba haciendo flexiones en el suelo de madera que lo contenía. Por la vista, debía haber pasado demasiado tiempo, ya que su cuerpo goteaba sudor en cada movimiento y su respiración no cesaba, rítmica con su fuerza liberada.
Miska le clavó sus ojos de una manera extraña, aumentando el ritmo y forzando su cuerpo a aumentar el tempo como si de un desafío de tratase. Las gotas formaban aquel charco de escarcha que se encontraba en el suelo, siendo un sudor congelado que vertia con su ejercicio constante, evitando perder su forma.
Sus maniobras, cabe destacar, eran distintas a las flexiones que ella o sus hombres practicaban. Miska mantenía ambas manos en el suelo y levantaba sus caderas hacía arriba, formando una especie de V inversa. Luego, descendía el torso sobre sus brazos, avanzando con el cuerpo en el piso hacía adelante antes de volver sobre ese movimiento a su V inversa inicial.
—¿Qué haces, Miska? ¿Planeas escapar de aquí acaso?
Sejuani inquirió con sus ojos fijos en su entrenamiento, el chico estaba evitando perder su masa muscular, pero eso no le ayudaría nada contra el cruel invierno.
Miska se levantó con un brinco, demostrándole con una respiración agitada una sonrisa de confianza, todo mientras estiraba y relajaba sus castigados hombros y brazos.
—Dijiste que querías que te sirva, y no voy a hacerlo sin pelear...
La mirada del chico cambió radicalmente mientras caminaba hacia la puerta, llevando sus dos manos a sus caderas. Miska definitivamente tenía una sobredosis de confianza, la cual hasta en su aura se notaba.
—Ahora, ¿Qué necesitas, albina? O mejor debería decir... ¿Matriarca Guerrera?
Ante aquel gesto, Sejuani le devolvió la misma sonrisa. El chico estaba listo para salir de aquella carcel y servir, pero debía ser mantenido bajo observación, sólo por si acaso.

“We live on a placid island of ignorance in the midst of black seas of infinity, and it was not meant that we should voyage far."
Miska es el nombre del miembro más alto del clero de los Iluminados, una variante de los templarios entre los que se destacan más por el manejo de la energía conocida como El Ora. El chico fue elegido como un sirviente inmortal de los entes cósmicos, un adorador fervoroso y amante de las maravillas que el universo tiene para ofrecerle.
Luego de su ascensión a Oráculo, dejó el clero mucho después de los eventos catastróficos que llevaron a Lux a unirse a los Estrella Oscura. Aún como sirviente de sus "Dioses", prometió encontrar a guerreros dignos de enfrentar las calamidades que esas monstruosidades traen al cosmos.